viernes, 30 de enero de 2009

El PROBLEMA DE LA MOROSIDAD EN LA BANCA

La banca española se encuentra con serias dificultades. La morosidad ha crecido fuertemente en un entorno de desaceleración de la economía española y los efectos de la crisis financiera internacional.

Por un lado, las ayudas que el Gobierno concedió al sector bancario, éste las ha destinado a hacer frente al vencimiento de sus deudas y no, a la concesión de créditos a familias y empresas, que se encuentran con dificultades para obtener recursos con los que comprar una vivienda o un coche o, para atender las necesidades de su empresa.
El sector bancario ante esta deuda internacional que sufre, no encuentra posibilidad de refinanciación ya que, se ha cerrado el grifo al flujo de dinero que entraba en nuestro país. Por ello, su única salida es devolverlo.
Así, hasta que se solucione el problema de la deuda internacional, no se reestablecerá la concesión de créditos a familias y empresas.

Por otro lado, está el problema de la morosidad que se une a las dificultades de los bancos y cajas de conseguir dinero.
La morosidad tiene un gran impacto en el sistema financiero. Los bancos no solo pierden el dinero que han prestado, aunque sea temporalmente, sino que también dejan de ingresar los intereses que ese capital tendría que generar y, deben dotar unas provisiones equivalentes al importe de los créditos, dañando su equilibrio patrimonial y las necesidades de fondos propios.
Las entidades financieras ante estas dificultades, han tenido que desarrollar estrategias para hacerles frente. Han optado por formar especialistas en actividades de recobro o externalizar la gestión a empresas especializadas. Así, numerosos empleados se dedican ahora a la gestión de los créditos impagados, realizando numerosas llamadas con el fin de recuperar el dinero de los créditos que se han dejado de pagar.
Otra forma de hacer frente al incremento de la morosidad es la venta de carteras de créditos morosos o fallidos, cediendo sus impagos a cambio de un porcentaje del valor de la deuda.

Todo este panorama hace prever una fusión de bancos y cajas de ahorro este año, única salida para alguna de ellas, las más débiles, que se encuentra en dificultades.

NURIA ÁLVAREZ GONZÁLEZ

jueves, 29 de enero de 2009

¿NOS COGE DE SORPRESA?

En España se había registrado un rápido aumento en el número de créditos hipotecarios en los últimos años, a la vez que se habían introducido productos de mayor riesgo, plazos muy largos, se disminuyeran los estándares de financiación para facilitar el acceso a la vivienda…políticas crediticias demasiado arriesgadas.

Varios factores afectan al nivel de morosidad de los bancos:
- En primer lugar, la composición de la cartera crediticia desempeña un papel importante como indicador del perfil de riesgo de estos.
- En segundo lugar, las entidades ineficientes, que llevan a cabo una selección y un seguimiento insuficientes de los prestatarios, tendrán una cartera de baja calidad.
- En tercer lugar, el entorno competitivo global en el que operan los bancos podría afectar también al nivel de riesgo de crédito que la entidad está dispuesta a asumir.

Consecuencia de todo ello es lo que estamos viendo ahora, ya que mes a mes, el ratio de morosidad de los bancos y cajas de ahorro españolas se incrementa y ya van 17 subidas consecutivas para dejar la morosidad en el mes de noviembre en el 3.18%, casi 0.30 puntos más que en el mes de octubre.

Es sin lugar a dudas una cifra preocupante ya que esta morosidad se ha casi cuadruplicado desde noviembre del 2007 cuando estaba en niveles del 0.84% hasta ahora y representa la mayor tasa de morosidad que han registrado las entidades financieras en España en la última década. Dentro de las entidades financieras, para las cajas ha sido más desalentador, probablemente porque tardaron más en abandonar el ladrillo. Su ratio de morosidad se sitúa en el 3.63% frente al 0,886% que suponía en el mismo mes del año anterior y para los bancos se sitúa en una tasa más moderada pero también preocupante del 2.61%.
El Banco de España advirtió recientemente que la morosidad continuará creciendo e incidirá en la cuenta de resultados de bancos y cajas, obligándoles a realizar "mayores provisiones específicas" para cubrir los impagos, por lo que las entidades deberán mejorar su eficiencia de costes con medidas como el aprovechamiento de economías de escala derivadas de eventuales procesos de "consolidación bancaria".
En estas circunstancias las entidades financieras racionan la financiación a las actividades consideradas con mayor riesgo de crédito, concediéndolos solo a los clientes con mayor solvencia y a empresas de sectores que no están relacionados con el ladrillo ni con otros sectores de riesgo potencial difícilmente evaluable. La incertidumbre económica, la recesión, las quiebras de empresas inmobiliarias y, sobre todo, el paro con previsiones de llegar a 4.000.000 de parados en España hará que aumente la morosidad más todavía este año aunque falta saber si se llegará a las previsiones más pesimistas de bancos y cajas con tasas de morosidad del 8%.
En España al igual que en otros países, el crédito bancario mostró un comportamiento procíclico, tal y como ha ocurrido en anteriores crisis financieras. En un contexto de fuerte presión competitiva entre entidades por la colocación de activos financieros en forma de crédito se generó una tendencia hacia la relajación de los colaterales durante la fase expansiva, en vista del bajo nivel de morosidad existente en los últimos años, lo que contribuyó a la acumulación de desequilibrios en el sector no financiero. Entre ellos, y de ahí proceden la mayoría de los problemas actuales, los colaterales de cantidad de préstamo excesiva, cobertura insuficiente de las cargas financieras por las rentas de los prestatarios, y excesivo alargamiento de los períodos de pago.

La responsabilidad de las entidades financieras es la de ponderar adecuadamente solvencia, rentabilidad y riesgo de sus colocaciones de activo y en esta ocasión esa ponderación no se ha hecho correctamente. Desgraciadamente, hasta lo aparentemente más sólido acaba desmenuzándose en función de las circunstancias.
CATARINA YÁÑEZ

Show Me the Money

Aunque no os lo creáis, ser moroso en España ya no está mal visto, ¡sobre todo si eres empresa!. Apareces en los grandes números de la economía y además, entras en el vagón de los grandes (y eso…MOLA!).

El retraso en el pago de las facturas en Europa, genera una deuda de 90.000 millones de euros. Los españoles tenemos uno de los peores hábitos de pago de la UE. El 90% de las empresas sufre retrasos en los cobros o tiene problemas financieros derivados de la morosidad. De media se tardan 92 días en realizar el pago en una operación comercial. Si es que ya lo decía el argentino aquel de la TDT!!: “a los españoles siempre nos pilla el toro”.

Según datos del Banco de España, la morosidad de los créditos concedidos por bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito a particulares y empresas subió en noviembre hasta el 3,118%, la tasa más alta desde octubre de 1997, cuando se situó en el 3,18%.

Sus principales causas se encuentran en las dificultades que atraviesan las promotoras e inmobiliarias, el alza del paro y la subida del Euríbor, ya que todavía no se ha trasladado a los créditos el descenso de este indicador de diciembre, el más importante desde 2005.

En otras palabras, un enfriamiento de la actividad económica, como el actual, es determinante para que las empresas utilicen una dilatación de los plazos de pago como un elemento sustitutivo del crédito bancario. Pero existen coyunturalmente otras causas que ayudan al incremento de la mora, como la actitud de algunas grandes empresas de prolongar deliberadamente los plazos de pago aprovechando una posición dominante. Otro factor es el cultural, por el que pagar tarde y mal se ha convertido en un comportamiento generalizado.

Por tanto, la morosidad no se encuentra solo en las entidades financieras y en sus impagos. La morosidad es un modo de vida. Y si no, que se lo digan al arrendatario de un inmueble!, porque ante todo….la ley es la ley…..y se las trae!!.

Pongo un ejemplo: “Me roban el coche. La Policía sabe que es mío, pero no detienen al ladrón. Debo seguir un procedimiento judicial de meses para demostrar que es mío. Mientras tanto, la ley me obliga a pagar gasolina, seguro, repuestos, mantenimiento, etc. Tras 6 meses, el juez dicta que es mío y que me lo devuelvan, por lo que el que me lo sustrajo me lo destroza y yo tengo que arreglarlo. El ladrón de coches se va sin ningún cargo: es insolvente. ¿Surrealista? No. Donde digo ‘coche' poned ‘casa de alquiler', y donde ‘ladrón de coches', poned ‘moroso'. ¿No es lo mismo? Pues no, es peor, pues los coches particulares no se alquilan, y mientras el moroso disfruta del piso, me priva de una renta que puede ser mi fuente de ingresos.

El problema quizás reside en cómo poner freno a esto. Si bien es cierto que una recuperación de la demanda vía recobro de la confianza del consumidor y aumento del consumo, producción y empleo es un ajuste idílico para esta situación, también debemos recapacitar en que la mora también atrae empleo en un sector que podemos encasillar como de totalmente “anti-crisis”. Reformulemos pues un viejo dicho: “no hay bien que por mal no venga”. Os dejo este video que explica muy bien este BooM de los “pingüinos cazadores”:


Enlace al Video.

FELIPE ABAD ABAD

ENDEUDAMIENTO Y MOROSIDAD

Debido al estallido del mercado de la vivienda en España y la crisis crediticia a nivel internacional, los índices de crédito morosos se han tornado preocupantes, dando lugar así, a una delicada relación entre impagos y el colchón de provisiones en balance, poniéndose de manifiesto que hasta las estructuras más sólidas también pueden derrumbarse.
La morosidad de los créditos concedidos por bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito a particulares y empresas subió a finales de 2008 hasta el 3,118%, alcanzando la tasa más alta desde octubre de 1997. La cifra aún está lejos del 9,25% que alcanzó en la crisis de 1993, pero cada vez preocupa más al sector, que se ve obligado a provisionar los créditos dudosos.
Entre las principales causas para la morosidad en España podemos destacar las dificultades que atraviesan las promotoras e inmobiliarias del país.
Los últimos datos de morosidad recogen las quiebras inmobiliarias de los últimos meses, que contribuyen a que las cajas de ahorros, sus principales acreedoras, hayan llegado ya a tener una tasa de mora del 3,63%, mientras que la de los bancos, sus principales competidores, se colocó en el 2,61%, un porcentaje menor.
De una operación financiera en mora, también se derivan una serie de costes que han de ser tenido en cuenta, tales como que dicha operación debe ser provisionada, debe dotarse, las provisiones de fondos son un gasto que no suponen desembolso, pero que debe ser contabilizado como tal y que erosiona la capacidad de generar beneficios, por otra parte los intereses de los créditos morosos dejan de tenerse en cuenta como ingresos ya que no se sabe cuando ni como se van a cobrar, y por último la elevación de las tasas de morosidad produce un encarecimiento del coste de financiación en los mercados para las entidades bancarias.

Según las estimaciones del banco francés Credit Agricole la tasa de morosidad alcanzará el 6,5% a finales de 2009, por lo tanto esto forzará a las cajas de ahorro a desinvertir en su cartera de participaciones o a fusionarse con otras entidades en mejor posición en caso de que no sea suficiente.

Vanessa Lorenzo C.

miércoles, 28 de enero de 2009

¡Demasiada rigidez!

En la época del baby boom, los estados se podían permitir el sistema "pay as you go" (las pensiones de hoy se pagan con las contribuciones de hoy). El cambio de la estructura económica (de una economía industrial a una de servicios), de la estructura familiar (las familias son más frágiles, la mujer ya no se queda en casa y los abuelos ya no viven con la familia) y de la estructura social (baja natalidad, un montón de gente que se jubila y vive alrededor de quince años más) ya no es sostenible. No es necesario jubilarse a los 65 ya que el empleo en el sector servicios puede prolongarse. Tampoco es viable mantener una cantidad de beneficios fijos para los jubilados ya que los jóvenes no pueden soportar la carga.
Ante esta situación podríamos encontrar dos recetas:
· Aumentar la edad de jubilación.
· Modificar la estructura de las pensiones.
Reduciendo la edad de jubilación se reduciría el número de pensionistas, ya que no hay ninguna razón por la que un trabajador del sector servicios deba dejar su puesto de trabajo.
Por el otro lado, hay que empezar a pensar en ajustarse el cinturón, las consecuencias depende a quien les afecte: lo soportan los trabajadores (pagando más), lo soportan los jubilados (recibiendo menos) intentando definir un mínimo vital para todos o lo soportamos conjuntamente.
Una cuestión interesante sería la privatización de las pensiones. Esto tiene sentido político: la solución no es agradable para nadie, así que desechandolo de la escena pública, si estuvieras en la piel de un ministro de economía o trabajo, no tendrías que enfrentarte a esta situación. Si fuesen privadas tendría consecuencias redistributivas (las pensiones serán más heterogéneas), pero no reales (la cantidad de ahorro seguirá siendo la misma, las transferencias serán las mismas).
El ahorro en el sistema privatizado podría canalizarse hacia inversiones rentables y provocaría ganancias en eficiencia y crecimiento. Hay dos escollos con esto: si la privatización se hace, habrá que ver quién se queda sin nada en el proceso; la realización práctica de esto es bastante dudoso.
Por ello, un sistema de pensiones que funcione debe ser flexible (adaptarse a los cambios de circunstancias) no como el actual. Los contratos de carácter privados de los fondos de pensiones se caracteriza precisamente por el encorsetamiento a la hora de ajustarlo: se fijan prestaciones fijas a largo plazo, independientemente de la estructura de población. En cambio, un sistema público puede ajustar las prestaciones de forma igualitaria y coordinada, cosa que ahora no se está haciendo.
Concluyendo, existirían dos soluciones en el largo plazo:
· Políticas natalistas: el número de hijos deseados en Europa está muy por debajo del número de hijos reales, políticas como cheques bebé, guarderías públicas, o políticas de compatibilización de la vida laboral y familiar pueden aumentar la natalidad considerablemente (además de reducir el número de divorcios).
· Ser más permisivo con la inmigración: Si no se puede reemplazar a los jubilados con nuestros hijos, al menos hacerlo con los de los inmigrantes.

El tema de las pensiones es un problema con soluciones más o menos desagradables y ninguna de ellas mágicas.

Manuel R. García

Se cumplen las malas expectativas

Hace unos meses, en octubre de 2008, para tratar de entender cuál sería el impacto de los rescates bancarios en la economía, hacía un pequeño análisis de la situación crediticia en España.
El sistema financiero español aparecía como bien capitalizado, eficiente y regulado, debido en buena parte a que estaba basado en la banca tradicional. Se producía una coincidencia de la caída del sistema financiero estadounidense con el desplome del sector inmobiliario, lo que agravaba la dificultad para conseguir liquidez y su traducción como reducción de préstamos a empresas y hogares.
Desafortunadamente, se han ido cumpliendo las expectativas anunciadas hace meses de disminución de renta disponible en los hogares, hundimiento del consumo y desplome de la economía española y con ello la pérdida de miles de empresas y expectativas de que la tasa de paro se incrementaría cada vez más.
Era necesario que las medidas acordadas en el plan de rescate bancario ayudasen a solucionar los problemas de crédito, las familias y las pymes deberían haber sido beneficiarios de las inyecciones masivas de liquidez pero es algo que no ha llegado a suceder.
Las tasas de morosidad de bancos y cajas han aumentado con fuerza en los últimos meses, provocando aún mayor dificultad al acceso de créditos y las especulaciones sobre fusiones y restructuraciones bancarias ya no lo son tanto.
Haciendo un mayor análisis de la morosidad en el sector financiero, dentro de la banca tradicional, son las cajas de ahorros las que mantienen un nivel de activos dudosos más altos, debido fundamentalmente a su orientación de negocio hacia los promotores inmobiliarios en mayor medida que los bancos. Pero la situación para las cooperativas de crédito y los bancos tampoco es muy halagüeña y sus tasas de morosidad se han visto triplicadas en los últimos meses. En el caso de los establecimientos financieros de crédito, si bien su tasa también ha tenido un incremento notorio, a base de congelar préstamos están consiguiendo frenar la morosidad
La consultora Oliver Wyman recalca que junto a España, Reino Unido e Irlanda son los países europeos que se verán especialmente afectados por el aumento de la tasa de impago, sobre todo en las áreas de crédito al consumo y préstamos hipotecarios. Sus previsiones sitúan la morosidad en España de los bancos y cajas de ahorros entre el 4% y el 5% en dos años.
Esperemos que no se sigan cumpliendo las expectativas…

PEDRO VIDAL

LA MOROSIDAD, UN PROBLEMA PARA LA BANCA.

Las principales entidades manejan escenarios de «crecimiento cero o más bien negativo» del crédito para 2009 y tasas de morosidad que podrían llegar a una media de hasta el 8%.
Si se llegan a alcanzar esas tasas que ahora pronostican bancos y cajas de ahorros, la solvencia de algunas entidades se encontraría en grave peligro y sería necesario recapitalizarla o en el peor de los casos fusionarla con otra para que no desapareciera. Hay que tener en cuenta que en estos momentos ningún Gobierno va a dejar quebrar a ninguna de sus principales entidades.

La morosidad de los créditos concedidos por bancos, cajas de ahorros y cooperativas de crédito a particulares y empresas subió en noviembre hasta el 3,118%, la tasa más alta desde octubre de 1997, cuando se situó en el 3,18%, según el Banco de España. La cifra aún está lejos del 9,25% que alcanzó en 1993, pero cada vez preocupa más al sector, que se ve obligado a provisionar los créditos dudosos.
Las principales causas para la morosidad son las dificultades de las promotoras e inmobiliarias, y el reflejo de un elevado euríbor en las hipotecas, ya que aún no se ha trasladado a los créditos el descenso de este indicador.
La morosidad de noviembre recoge nuevamente las quiebras inmobiliarias de los últimos meses, que contribuyen a que las cajas de ahorros, sus principales acreedoras, hayan llegado ya a tener una tasa de mora del 3,63%, mientras que la de los bancos se colocó en el 2,61%.
Según algunas fuentes, es tal la inquietud que existe entre las entidades, principalmente en los bancos, de que no se le paguen los créditos que cada vez son "más rigurosas" e incluso intentan retirar de circulación las tarjetas de crédito de los clientes menos solventes en cuanto surge la oportunidad. Por tipo de entidad, los bancos concedieron créditos a las familias 1.309 millones de euros en noviembre para adquirir bienes de consumo, un 44,7% menos que el año anterior, mientras que los créditos al consumo otorgados en el undécimo mes del año por las cajas de ahorros se situaron en 897 millones de euros, un 40% menos.
El Banco de España ratifica la solidez de las entidades financieras frente a las turbulencias internacionales. En el ámbito doméstico, recuerda que la cobertura de las instituciones españolas les permite asumir hasta cinco veces el nivel actual de morosidad, «sin impacto significativo en las cuentas de resultados».
En España no existe un segmento hipotecario de alto riesgo (subprime), y las entidades no están expuestas de forma indirecta a este mercado, porque no han utilizado los instrumentos típicos para canalizar este riesgo. No hay pistas de la existencia de 'conduits' o mecanismos de financiación de corto plazo para operaciones de largo recorrido.
Según el Banco de España, las entidades españolas no han sucumbido a la tentación del modelo bancario caracterizado por el lema 'generar para distribuir'. En este procedimiento, el crédito no lo gestiona la entidad que lo ha concedido, sino que lo transfiere rápidamente a un tercero para deshacerse del correspondiente riesgo y obtener nueva financiación de cara al futuro inmediato.Las entidades de depósito españolas no se han dejado seducir por este modelo, sino que en ellas impera el formato de la banca tradicional minorista, que permite una muy estrecha relación con la clientela. En España ha habido titulización de activos, añade el instituto emisor, pero no se han empleado estructuras complejas, de manera que se han evitado los efectos adversos de la separación la concesión del riesgo y su gestión posterior.
De cara al futuro inmediato, cabe esperar que las tasas de morosidad sigan subiendo, por el desfase entre la concesión de créditos y la evolución de los impagados, por el cambio contable -con la nueva regulación, la totalidad de un préstamo entra en mora cuando se produce el impago de tres mensualidades consecutivas- y a causa del impacto (en este caso retardado) de la subida de los tipos de interés.
El Banco de España advirtió recientemente de que la morosidad continuará creciendo e incidirá en la cuenta de resultados de bancos y cajas, obligándoles a realizar "mayores provisiones específicas" para cubrir los impagos, por lo que las entidades deberán mejorar su eficiencia de costes con medidas como el aprovechamiento de economías de escala derivadas de eventuales procesos de "consolidación bancaria".
MARÍA TEJELO GUDIÑA