viernes, 16 de enero de 2009

¿Morosos en la banca….o por la banca?:

Desde hace unos meses estamos escuchando en los medios de comunicación, la cantidad de ideas y ocurrencias de la gente para conseguir pagar sus deudas y de este modo no aparecer en la lista negra de los morosos.

Tal situación nos hace llegar al meollo de la cuestión: la gente no puede pagar sus hipotecas o sus créditos. ¿A que se debe?, la respuesta es tan fácil como que quisimos llevar un ritmo de vida para el que nuestros bolsillos no estaban preparados. ¿Por qué lo hicimos?, porque se nos daban facilidades para ello. Los bancos en su afán de lucro y crecimiento comenzaron a rebajar sus pretensiones a la hora de dar un crédito bien sea hipotecario o simplemente por el mero hecho de darnos un capricho como nuestro vecino.

Dicha situación pego un giro de 180º dando como resultado que la lista de morosos cuenta cada vez con más adeptos. Esto es un grave problema, por una parte el que no puede pagar pierde dinero, y en muchos casos la propiedad de aquello para lo que había pedido dicho crédito, con lo cual no solo no ganó nada, sino que además se empobreció. En el otro extremo tenemos a los bancos y cajas de ahorros, que no olvidemos que no tienen ningún interés en el ladrillo, todo lo contrario buscan deshacerse de el a toda costa con lo que todo esto supone en la economía: los ricos son más ricos porque pueden comprar a mejor precio, y lo pobres lo son más.

Hablando en cifras el resultado que se nos muestra en escalofriante, en los últimos doce meses, el saldo acumulado del crédito dudoso aumentó en 4.538 millones de euros!!!. Esta cifra es una autentica barbaridad teniendo en cuenta que el volumen total de préstamos acumulados hasta noviembre, superaba los 1,69 billones de euros, de los cuales 14.196 millones de euros eran dudosos, lo que supone un incremento de 437 millones de euros respecto a octubre.

Sin embargo desde la Asociación Española de Banca se nos pretende “tranquilizar” diciéndonos que partimos de una situación financiera sólida con unos bancos muy bien aprovisionados, tan solo unos meses después del plan de rescate del gobierno a los bancos…
En fin una serie de sucesos que tienen como consecuencia el endurecimiento de las condiciones de cara a obtener una hipoteca, es decir épocas de manos abiertas llevan de la mano períodos de vacas flacas.
LUIS MIGUEL CASTRO ÁLVAREZ

lunes, 12 de enero de 2009

MOROSIDAD Y RESULTADOS, UNA RELACION A LARGO PLAZO.

Muy poco de lo que se hace en banca afecta de manera tan poco controlable y durante tanto tiempo como la posibilidad de impago de las cantidades prestadas.

Veamos una puesta sobre el papel de la situación hasta hace bien poco. La media de negocio por empleado en una oficina bancaria tipo podía rondar los 15.000.000€ y podemos asumir que las partidas de inversión crediticia y de recursos administrados eran iguales (aunque lo más normal estos últimos años era que la primera supere ampliamente a la segunda) y se situaban en 7.500.000€ cada una. Con estas cifras un beneficio razonable por empleado podía ser de 100.000€ anuales (hablamos de menos de un 0,75% de margen sobre el volumen de negocio, una vez descontadas todas y cada una de las partidas de gasto incluido su propio sueldo). En estas cifras ya se descontaba el porcentaje de provisiones por préstamos dudosos.

Como vemos, hasta hace relativamente poco tiempo, el margen tan reducido que se conseguía en el negocio bancario tradicional se compensaba gracias a los amplios volúmenes conseguidos y al bajo nivel de impagos soportado que hacía que las provisiones no estuviesen disparadas (e incluso las entidades se permitían realizar dotaciones voluntarias para mejorar sus ratios de cara a los evaluadores). Estoy hablando de épocas en las que el porcentaje de mora medio en la banca española no superaba el 1% de media. Si trasladamos ese dato a los números dados anteriormente se deduce que se habían provisionado aproximadamente 75.000€ (después comentaré la forma en que se provisiona realmente que hace que esta cifra se pueda contener de momento y en la práctica fuese menor que esta cifra). Ahora tomamos un dato que muchos están anticipando: que la mora suba a un 4% o más. En este caso las provisiones por empleado en la oficina tipo ascenderían a 300.000€ (4% de 7.500.000€) y el beneficio sería inmediatamente devorado teniendo que declarar unas pérdidas de 125.000€ por empleado. Una situación de un 9% de mora que algunos pronostican y que probablemente ya se esté dando en bastantes oficinas supondría provisiones por 675.000€ y pérdidas de 500.000€.

El modelo de negocio basado en amplios volúmenes y bajos márgenes manteniendo riesgos latentes durante una vida media muy elevada hace que el negocio esté demasiado expuesto y que los resultados se resientan con demasiada facilidad.

Pero, ¿cuando se considera que una operación entra en mora? Técnicamente desde que hay impagos con más de 90 días de antigüedad, momento a partir del cual hay que comenzar a provisionar importes.

¿Y cuando y cuanto se provisiona? He de aclarar que antes he hablado de provisionar en función del % de inversión crediticia en mora, pero en realidad se provisiona en función de la clase de operación con impagos y del tiempo que lleve en esa situación, con lo que las provisiones reales inicialmente son menores. En cualquier caso a 3 años vista si que se adivinan problemas de fuertes dotaciones en caso de que no se solucione el problema estructural que tenemos en España. Esto se debe a que las operaciones hipotecarias por debajo del 80% de tasación en vivienda tienen mucho plazo para provisionar y teniendo en cuenta que su porcentaje sobre el total de créditos a clientes es abrumador supone un respiro para las cuentas de las entidades.

Porcentaje aproximado de provisión sobre activos en situación de impago.
Operaciones sin garantía real (préstamos y créditos a particulares y empresas)
Hasta 6 meses: 5%
De 6 meses a 12: 27%
De 12 meses a 18: 60%
De 18 meses a 24: 95%
Más de 24 meses: 100%

Operaciones con garantía real sobre viviendas terminadas (siempre y cuando se haya hipotecado por debajo del 80% de tasación).
Hasta 3 años: 2%
De 3 años a 4: 25%
De 4 años a 5: 50%
De 5 años a 6: 75%
Más de 6 años: 100%

Otras operaciones con garantía real.
Hasta 6 meses: 4%
De 6 meses a 12: 23%
De 12 meses a 18: 50%
De 18 meses a 24: 80%
Más de 24 meses: 100%

Además hay que tener en cuenta que aparte del coste directo que suponen las provisiones (y desde luego los fallidos en caso de no conseguirse solucionar las situaciones complicadas) nos encontramos una gran incidencia sobre la operatividad de las oficinas bancarias y de la propia entidad financiera. Los impagos pueden originarse por descubiertos en cuenta, impagos de tarjetas, de préstamos, de cuentas de crédito, etc. El hecho de que casi cualquier partida pueda ocasionar provisiones o pérdidas hace que se destine una ingente cantidad de tiempo por parte del personal de la oficina con el fin de gestionar las incidencias. Ese tiempo que se dedica a controlar la mora supone no realizar otras labores productivas con lo que el coste de oportunidad se suma a los costes directos de las operaciones que hayan entrado en situación problemática. Aparte hay que dotar departamentos específicos con el fin de controlar las actuaciones a seguir en cada momento del proceso.

Es decir la mora es un factor muy preocupante y un riesgo latente durante todo el tiempo que un cliente tiene operaciones crediticias en una entidad (hasta la empresa más solvente puede tener problemas). El propio control de ese riesgo supone un enorme esfuerzo de personas y de recursos económicos por lo que la evaluación de riesgos antes de su concesión se torna un elemento vital para la salud de las entidades financieras con el fin de tanto facilitar el control como evitar situaciones de impago.

OSCAR ANTON GALANTE

viernes, 9 de enero de 2009

DEFLACIÓN PARA EL AÑO PRÓXIMO

¿A qué se puede deber que los comerciantes bajen los precios en plena campaña navideña, que las rebajas nos hayan llegado semanas antes de lo habitual o que, incluso los coches cuesten a día de hoy un 30% menos que hace un año?

Desde siempre hemos oído hablar de lo malo que es la inflación. Una inflación que en los últimos años nos ha creado más que un quebradero de cabeza puesto que los precios de los bienes crecían exponencialmente. Sin embargo, durante finales de 2008 los expertos nos han estado avisando de que se avecina el fenómeno contrario a la inflación: la deflación. Dicho de otra manera, los precios de los productos están empezando a bajar para regocijo de los sufridos consumidores.

¿Cómo nos podemos explicar esta situación? ¿A qué es debida esta bajada de precios?
La respuesta es bastante sencilla: los ciudadanos estamos sin blanca y los bancos nos están dando con las puertas en las narices. La demencial espiral crediticia en la que hemos estados inmersos en la última década, con una buena parte de la población sucumbiendo a sus cantos de sirena, ha estallado en mil pedazos acabando con la capacidad consumidora de los españoles. Ahora ha llegado el momento de que las personas que han comprado los tan famosos “sobrevalorados pisos” paguen su cadena perpetua hipotecaria sin posibilidad de pedir más crédito. Ante esta situación, con una población con unos ahorros más que mermados, ¿cómo podemos seguir consumiendo como si el dinero se nos escapara de las manos?

Lo que hoy parece una buena noticia, pues las bajadas de los precios siempre lo son, a largo plazo será un arma letal para nuestra economía. Recordemos que la depresión de 1929 fue precedida por una espectacular devaluación de los activos, exactamente igual que ahora. Por eso, hemos de tener presente que nuestro país va de cabeza a una crisis larga y profunda, incluso más que nuestros países vecinos puesto que nuestros niveles de paro y de endeudamiento son mayores que los de nuestros compañeros de G-8.

Nos espera un país donde los bancos no volverán a fiar en años a quienes les deben una fortuna, lo que provocará una caída vertical del consumo y por tanto de la demanda. A menor consumo, mayor paro; a mayor paro, menor consumo…, es decir, un círculo vicioso devastador.

SARA MONTERO

miércoles, 7 de enero de 2009

El riesgo de la deflación se asoma

La deflación es la caída generalizada del nivel de precios de bienes y servicios en una economía, grave problema económico porque al disminuir los precios y si se mantienen constantes los costes, las empresas obtienen menos beneficios y se reducen como consecuencia la inversión y el empleo.
La deflación puede desencadenar un círculo vicioso, en el que las empresas que quieran vender sus bienes acaban bajando los precios para lograr, al menos, recuperar la inversión y los consumidores, que saben que los precios seguirán bajando, prefieren esperar para comprar más barato; similar a lo que ocurre actualmente con el mercado inmobiliario. A consecuencia de este círculo vicioso, la deflación se convierte en causa y efecto de la falta de circulación del dinero en la economía, porque todos prefieren retenerlo. Al final, la economía se derrumba, dado que la industria no encuentra salida a sus productos y sólo consigue pérdidas.
La causa principal, además de la caída del precio del petróleo y en menor medida de los alimentos, hay que buscarla en la situación en la que se encuentra el consumo y en la clara recesión de la economía española. El incremento del paro, y la sensación de que le puede ocurrir a cualquiera, ha metido el miedo en el cuerpo al consumidor, que ha paralizado muchas de sus decisiones de compra. Y quien mantiene el empleo dedica su esfuerzo a ahorrar por lo que pueda pasar.
Las economías pueden luchar contra la bajada de precios recortando el precio del dinero, con el objetivo de poner más en circulación y estimular el consumo, con el fin de que la demanda crezca y la tensión haga recuperar los precios. Pero perdida la política monetaria en manos del BCE, sólo le quedaría al Gobierno español incrementar la inversión y gasto público y bajar todos los impuestos para generar consumo y actividad en el sector privado, todo ello con unos tipos de interés muy bajos.
A diario podemos observar como la deflación está empezando por las materias primas, pero continuará y se extenderá a todos los niveles. Estamos en una crisis, lo que significa menor consumo, cierre de empresas y más paro; o una larga lista de candidatos a trabajar, dispuestos a aceptar menores sueldos, y también una larga lista de empresas con capacidad productiva ociosa, dispuestos a producir aunque sea a un precio inferior.
La deflación no es más que la corrección de los excesos pasados, porque después de aumentar de manera desproporcionada los precios de determinados bienes y de que los bancos respaldaran casi todos sus activos en esos bienes inflados, la burbuja se ha pinchado y los precios de la vivienda, de las acciones y de muchas empresas están empezando a caer. En España los precios de la vivienda tienen que caer respecto al resto de bienes ya que los pisos están sobrevalorados, y deben sufrir un ajuste en sus precios.
Lo que la crisis y la posterior deflación ponen de manifiesto es que ciertas estructuras productivas se sobredimensionaron frente a otras; y por lo tanto es hora de reconvertir y reutilizar esas estructuras sobredimensionadas.
MARÍA GARCÍA OTERO

El Boom Inmobiliario, el Boom de de la Morosidad.

La tasa de morosidad es un índice que nos indica el volumen de créditos y préstamos impagados con respecto al total. Técnicamente se considera que una persona (ya sea física o jurídica) es morosa si no abona las cuotas correspondientes de sus créditos durante más de tres meses seguidos.
Esta tasa es publicada por el Banco de España y es calculada a través del coeficiente entre el importe total de créditos y préstamos concedidos en un tiempo determinado y lo que queda por pagar de estos, después de que el cliente no haya abonado ninguna cuota durante los tres meses.
Las entidades para hacer frente a los activos dudosos tienen que realizar una serie de provisiones: las específicas, que son las que tienen por objeto cubrir los activos dudosos, las generales, que son un porcentaje fijo que los bancos tienen que guardar con respecto a los créditos que otorgan y las estadísticas, que cubren las pérdidas esperadas de la cartera no dudosa para contrarrestar el impacto de otras coberturas.
La tasa de morosidad registrada hasta octubre (2,837%) es el triple que hace un año y supone un nivel que no se alcanzaba desde 1997.
Las cajas de ahorro están a la cabeza, en octubre situaron su tasa de mora en el 3,31% cuatro veces por encima de la que marcaron el año pasado. Esto es consecuencia de las quiebras inmobiliarias de los últimos meses, ya que estas son sus principales acreedoras.
Por su parte, los bancos también se encuentran en máximos históricos y cerraron octubre en el 2,351%, nivel que no registraban desde noviembre de 2007.
El Banco de España advirtió que la morosidad continuará creciendo e incidirá en la cuenta de resultados de los bancos y cajas, obligándolos a realizar mayores provisiones específicas para cubrir los impagos, por lo que estos se verán obligados a mejorar su eficiencia de costes con el aprovechamiento de las economías de escala.
La Asociación Hipotecaria Española también destacó el incremento de los impagos en los créditos para la adquisición de viviendas, esta morosidad hipotecaria alcanzó el 1,82% lo que supone triplicar la morosidad registrada hace un año.
La crisis inmobiliaria en la que nos encontramos está muy ligada con el espectacular incremento de la tasa de morosidad, una vez salgamos de esta crisis, ¿volverán los bancos a “regalar” el dinero a los promotores inmobiliarios, o se lo pensarán dos veces?
La principal consecuencia del incremento de la morosidad para el consumidor es que los bancos son mucho más exigentes a la hora de conceder un crédito y para la entidad es que verá alterada su cuenta de resultados ya que disminuyen los beneficios o aumentan las pérdidas como consecuencia de las provisiones.

Gonzalo Pérez Llano

Cuesta abajo

La crisis económica desatada en los Estados Unidos y el mundo, y la situación interna en el país, confirma cada vez más que España deberá luchar en 2009 contra la recesión, la deflación, el estancamiento de salarios y el aumento del desempleo. España podría ingresar en una etapa de deflación según los últimos números en baja del Índice de Precios de Consumo Armonizado correspondientes al mes de diciembre, sumado ésto a los bajos porcentajes en la confianza y el consumo de los españoles.
La deflación es una bajada generalizada de precios, provocando una caída del consumo, ya que los empresarios abaratan los precios de los productos que venden, para cubrir sus costes fijos, pero el consumidor final con los precios tan bajos, decide esperar un poco más ya que los precios cada día que pasa están más bajos, con lo cual, mañana pueden comprar más barato que hoy.
¿Como se combate la deflación?
Principalmente a través de dos tipos de políticas:
Políticas fiscales: Tales como aumentar el gasto público y reducir los impuestos para así aumentar las trasferencias.
Políticas monetarias: Actualmente conjuntas, al estar en la zona Euro, ejecutadas por el Banco Central, que actualmente está bajando los tipos de interés.
España, en la actualidad, se enfrenta con uno de los déficits exteriores más importantes del mundo (alrededor del 10% del PIB), parece claro que los torrentes de crédito exterior que permitían financiar su boom económico (centrado en la construcción) se han terminado con la actual crisis. Probablemente nunca más vuelvan, así que España tiene que buscar una manera de acabar con su déficit exterior y convertirlo en superávit (para amortizar la deuda externa acumulada) si no quiere sufrir una importante pérdida en su calidad de vida (renunciar a buena parte de su consumo y de sus activos patrimoniales para saldar la deuda) o de su credibilidad financiera futura (suspensión de pagos).

FRANCISCO PARDO FERREIRO
El desconocido demonio de la deflación

Adriana Cortés

Cuando hasta mediados de 2008 teníamos sobrevolando nuestras cabezas el fantasma de la inflación, cuyo combate era el objetivo número uno del Banco Central Europeo, resulta paradójico que el fenómeno al cual pareciera abocarse la economía española sea la deflación. Entendida como una caída generalizada de precios en bienes de consumo, servicios y transacciones bursátiles, la deflación es más temida por los economistas que la inflación, sobre todo porque no hay fórmulas conocidas sobre cómo combatirla.
La deflación mostró su peor cara durante la época de la Gran Depresión, que siguió al crash financiero de 1929. Con un desempleo generalizado y una economía en estado de emergencia que desestimulaba la demanda, los precios registraban una bajada consecutiva que afectó especialmente al sector comercial y a la Bolsa de valores. Ben Bernanke, actual presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, por sus siglas en inglés) realizó durante su etapa académica diversas investigaciones sobre la deflación a posteriori de 1929 y sabe que su resolución es sumamente complicada. En ese entonces, las circunstancias históricas motivadas por la Segunda Guerra Mundial dispararon el gasto público y detuvieron la caída de los precios, una solución obviamente muy costosa y poco deseable en la actualidad.
¿Qué posibilidades tiene España de entrar en una espiral deflacionista durante 2009? Pocas, en opinión del BCE, y altas, según expertos como Trevor Greetham, de Fidelity Funds, quien considera que la bajada de precios en el sector inmobiliario, la restricción al crédito y el incremento del desempleo forman un caldo de cultivo propicio para que el comercio disminuya sus precios a fin de atraer a los clientes y estos, a su vez, prefieran posponer sus compras a la espera de que el descenso continúe.
Un ejemplo de esto lo apreció España con las compras decembrinas, cuando las cadenas disminuyeron precios hasta por el 50 por ciento en épocas de pleno furor del consumo, pero aún así muchos clientes decidían esperar a la llegada oficial del período de rebajas.
Otro efecto de la deflación, además del comercial, se refleja en la Bolsa y en las inversiones en general. Como efecto de la debacle de los precios, los compradores prefieren esperar a que los descensos continúen para comprar acciones más baratas, frenando la recuperación del mercado bursátil. En el sector industrial ocurre otro tanto, porque los empresarios optan por detener sus inversiones ante el temor de que los bienes o servicios producidos no puedan retornar la inyección de capital.
La temida deflación, en definitiva, puede llegar o no a la economía española en 2009. Lo que sí es cierto es que el exceso de contrastes que está ocurriendo a raíz de la crisis financiera internacional genera un efecto de incertidumbre en el que todo lo que parecía seguro, ha dejado de serlo.